La vida académica es una tarea ardua y desafiante; la reflexión sobre nuestra acción cotidiana se convierte en una fuente inagotable para escribir con incidencia en la realidad. La tenacidad que exige este “estilo de ser” se debe al binomio entre ideas y lenguaje. El desafío que demandan las ideas al lenguaje es tomado humildemente en este medio escrito, que hoy tienes en tus manos. El contenido, vertido en todos los escritos que se te ofrecen, brinda la ocasión y oportunidad de extraer la forma y la sensibilidad
muy particular de sus actores. Todo escritor hace comunión de ideas con sus lectores en la medida en que comparte no sólo lo que tiene, sino lo que aspira y anhela. Quienes participaron en este medio no sólo han utilizado el mejor repertorio de su lenguaje, sino también se han esforzado en reflejar en él sus mejores ideas y experiencias. Por tanto, “Filomanía” está para ser leído, porque leer, además de incluir tiempo para una acción concreta, se convierte en una acción comunitaria para incluirse en el tiempo que hablará a los demás, de nuestro paso por la historia, leer es hacerse libre de la ignorancia, del oprobio, de la trivialidad, de la pequeñez. Leer afirma la libertad, muestra acciones y caminos distintos, establece la individualidad y al mismo tiempo fortalece a la sociedad, y exalta la imaginación.
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